Tuesday, 12 de December de 2017

Islandia: el país de la equidad de género

Por Betzabé Vancini / /

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Había una vez un país muy lejano, lleno de volcanes y con un clima extremo en el que no vivía ninguna princesa. Este país mágico estaba conformado por hombres y mujeres con igualdad de condiciones laborales y con exactamente las mismas oportunidades que un hombre para ocupar cargos públicos o para ser CEO’s de las empresas más importantes del país y de sus transnacionales. En este país mágico llamado Islandia, hace más de diez años que no se registra ningún homicidio de una mujer a manos de su pareja o ex pareja. La violencia doméstica es prácticamente inexistente y en este mítico lugar, las mujeres no tienen que elegir entre ser madres o escalar profesionalmente. En este país lejano, nadie tiene que renunciar a nada por tener un hogar o un buen trabajo, hombres y mujeres tienen prestaciones que les permiten solventar un estilo de vida muy digno y, a la vez, pasar tiempo con sus familias.

El 8 de marzo es el día internacional de la mujer, día en el que se conmemora la muerte de 129 mujeres trabajadoras de una textilera que fue incendiada con ellas adentro en 1911 porque estaban en huelga por las pésimas condiciones laborales en las que se encontraban. Pero, “eso se ganan por revoltosas”, diría una gran parte de la población en México. “El lugar de la mujer está en su casa, con sus hijos”, “Si no quiere que la acosen, que no se vista así”, “Es tan feminista que seguramente es lesbiana”, son pocos ejemplos de las múltiples descalificaciones que recibimos las mujeres todos los días en México. México no es ese país mágico donde la equidad de género es una realidad. No, no lo es.

Lo más impresionante de todo es observar las condiciones de Islandia y percibirlas como algo tan lejano que parece extraído de un cuento de hadas en el que, lejos de haber princesas y caballeros de brillante armadura, hay hombres y mujeres que son considerados seres humanos por igual y a los que se les brinda las condiciones de vida digna que TODOS merecemos.

Las estadísticas sobre desigualdad de género en México son abrumadoras: el Estado de México, Puebla y Chihuahua son primeros lugares en feminicidios, Tlaxcala y Morelos encabezan la lista de los estados con mayor tráfico de personas para fines de explotación sexual, en su mayoría, de mujeres adolescentes entre 12 y 17 años. Chiapas, Tabasco y Guanajuato encabezan la lista de niñas menores de 7 años que son abandonadas por sus padres y madres que se van a Estados Unidos a buscar el sueño americano y las dejan al cuidado de los vecinos o de algún familiar porque “son una carga”.

Por supuesto, esto no es exclusivo de las clases sociales menos favorecidas. Permítanme compartirles algunos datos sobre las mujeres “de sociedad” en México: 3 de cada 10 mujeres de nivel socioeconómico alto han sido coaccionadas para tener relaciones sexuales con su pareja; 7 de cada 10 sufren algún tipo de violencia económica y no cuentan con su propio dinero –son consideradas “esposas trofeo”-; 3 de cada 10 han sufrido violencia física y posteriormente, han sido compensadas con viajes al extranjero, autos o cirugía plástica. No es para nada sorprendente que este gremio sea el que menos denuncias presenta porque, ¿qué va decir la sociedad o la familia? En muchos de los casos, estas mujeres eligen incluso no asistir a asesoría psicológica o terapia para no ser juzgadas como malas esposas.

Las mujeres profesionistas tampoco la tenemos fácil. Únicamente el 3.9% de la población femenina en México cuenta con un posgrado. Nuestra capacidad profesional todavía es puesta por debajo de nuestra apariencia física, donde no importa si eres inteligente o capaz para desarrollar un puesto o no porque depende de qué “tan buena” estás, misma situación que representa una “ventaja” cuando eres considerada como atractiva y no así cuando eres considerada “fea”. Todavía hablamos de profesiones que son consideradas “para hombres” o “para mujeres feas”.

Tristemente, estamos muy lejos de Islandia, ese país de cuento en el que no se necesita magia para aspirar a un estilo de vida íntegro y equitativo. Antes de felicitar a alguien por ser el Día de la Mujer –condición que no elegimos-, mejor pregúntate qué acciones están en tus manos para que poco a poco, cada día, estemos más cerca de no llamar “magia” a una condición que por derecho nos corresponde.

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