Martes, 23 de Mayo de 2017

Qué perra mi amiga la senadora

Por E. Sarah Goza / /

De lo que se entera uno en esas visitas a moteles ¡qué escándalo!

Ustedes saben que soy una damita y me cotizo muy alto, pero como bien dicen por ahí "caras vemos, mañas no sabemos".

No porque los vean muy finos de pedigree y perros de caza quiere decir que sean todos unos caballeros y tan espléndidos.

Ahí tienen a mi amigo Luis Tiffaine que se chichifea a Grace Palomares.

¡Guau! ¡Guau!

Yo hubiera preferido mil veces que me chichifearan a tremendo pancho que me hicieron pasar. Hubiera preferido pagar un hotel en París, que uno de estos corrientitos Pet Friendly de Cholula.

Pero como dicen "todo se parece a su dueño" y este Pastor Inglés, muy grandote, muy guapo, muy de primer mundo pero resultó igual de codo que su dueña Blanca Alcalá.

Ya saben cómo es esto, mi amiga Blanquita para esas cosas se pinta sola ¡y para mis pulgas! Y eso que hago de todo, hasta huevo me echo para que no se me arrugue.

Pero algo bueno saqué de este Pastor Inglés, pero ni la acostadita eh, me dejó más adolorida el Chihuahua de Blanca Jiménez.

Bueno, para no hacerles el cuento largo, entre lengüetazo y lengüetazo, el Pastor Inglés me contó un chisme que ya no me aguantaba.

¡Agárrenme al cachorro!

Dejen me echo mis dos croquetitas pal susto.

Me contó ese Pastor Inglés, pichicato igual que la dueña, que nuestra querida Blanquita nuevamente hizo de las suyas.

Y es que un día le habló a su muy gran amiga y una de sus más fervientes admiradoras, Erika Alatorre Abundis para que la ayudara en su intención de colocar a mi amiguis Karina Romero, o sea su hija, como candidata a diputada local por un distrito del norte de la ciudad.

¡Guau! ¡Guau!

Y su gran amiga Erika muy sincera le respondió que ese mismo distrito es el que ella estaba buscando.

Blanca, fiel a su estilo de Dálmata (por manchada), le dijo que tuviera la amabilidad de cederle el espacio a su hija y habría futuras oportunidades para la buena Erika.

Mi amiguis Erika, chiquita, chiquita, como una Poodle, no se quiso confrontar a la Dálmata y solo le recordó que en 2013 esas mismas croquetas le había querido vender, y la sacó de la plantilla de regidores de Agüera para meter a su cachorra.

¡Guau! ¡Guau!

Perdón pero está tan bueno el chisme que ya hasta estoy salivando.

Al día siguiente, como todas las mañanas, Erika se acicaló, se sacudió, se cortó las garritas, se hizo coletitas, se puso moñitos, y se fue a trabajar a su oficina como encargada de los desayunadores de la Sedesol.

Gran sorpresa se llevó cuando le dijeron que ya no tenía trabajo, por órdenes de la Senadora.

En su lugar Blanca puso a una de sus incondicionales.

Erika se fue chillando con la cola entre las patas.

¡Au! ¡Au!

Y lamentando el día en que dio todo por su amiga.

Como bien dice esta columna:

¡Qué perra! ¡Qué perra! ¡Qué perra mi amiga!

Bueno, ya los dejo porque el perrito de Bernardo Huerta para un buen revolcón a la francesa.

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