Sábado, 29 de Abril de 2017

Los morenovallistas están viendo el temblor y no se hincan

Por Selene Rios Andraca / /

Ahora que lo pienso con más detenimiento, creo que no fue una muy buena idea eso de convertirme en una coca-lisa, porque ya pasaron algunos días y mi chingado cabello nomás no se anima a salir rubio dorado como cuando era niña. Ayer en la mañana estaba pensando en hacer un menjurje de molonqui, chile del tío Nacho —no es albur— y placenta de yegua joven, cuando me topé con el twitter de @RafaMorenoValle.

Aún no decido qué es lo que más molesta me tiene sobre las repentinas giras del gobernador poblano: si es el sentimiento de ciudadana abandonada, si es la sensación de que a Puebla ya nadie la gobierna o si es mi berrinche atroz porque fue a mi adorado Chilpancingo y el muy aspirante a presidenciable no me invitó a tierra sagrada.

¿Pueden creerlo? ¡No me invitó!

No comprendo, lo invitaron a Chilpancingo a reunirse con los Cuicalli —sólo él sabe con qué finalidad vio a esos empresarios, supongo que lo convencieron con algún pozole verde o unas carnitas de doña Mane, de lo contrario, no entiendo pa qué— y no pensó en mí, ni en llevarme, ni en decirme oye y allá qué onda, qué se hace, dónde se come rico o qué ni en avisarme para que mi familia lo fuera a conocer de cerquitas porque les da harta curiosidad.

Pero no. Le valí sombrilla. Y ni crean que me importa o que me quita el sueño. Allá él, pues se perdió el huevo con chile seco de mi mamá; el elopozole con espinazo de la tía Lulú; el mezcal de sabores del tío José; el pozole, las carnitas y las manitas de puerco de doña Mane; las nieves de Chinono; las aguas del zócalo; el chilate del centro;  los jotdógs de Unidos por Guerrero, las tortas de la tía Inés y las picadas gigantes de doña Pelos.

Si me hubiera invitado, con gusto le hacía yo el recorrido turístico de esa bella tierra rodeada de cerros y de sol picoso. Por ejemplo, lo hubiera llevado a conocer el kiosko para que se tomara una selfie; a sentarse en el árbol de los huevones como todos los burócratas del pueblo; a admirar  la escultura del Pechugón, mejor conocida como Hombre mirando el futuro; a recorrer el Museo mientras yo iba por unos chicharrones con salsa Búfalo —ojo, chicharrones, no chicharrines. Salsa Búfalo, no Valentina—; a darse un chapuzón en Mitzumaru;a hacerle un grafiti a la casa del astronauta Neri Vela; a contarle los balazos a la chingada avispa transparente y a sentarse un rato afuera de la papelería Selene pa saludar a los vecinos de la colonia. Uf.

Literal, todo eso se perdió por no avisarme. Bien merecido lo tiene. Ahora creerá, como erróneamente lo cree medio mundo, que en Chilpancingo no hay nada qué hacer y, como todos, vivirá en el error.

Y como no me invitó, tengo todo el derecho a reclamarle su atención. Mientras el gobernador anda de arriba para abajo persiguiendo sus sueños —cuidado, no quiero que se malinterprete mi mensaje ni que ustedes queridos lectores piensen que soy de esas amargadas mal atendidas que no creen en que uno debe perseguir los sueños o el amor—, mientras Puebla atraviesa una severa crisis de seguridad.

Par favaaaar.

El pasado 5 de junio no cerró el changarro ni obtuvo el pase libre para ir tras su meta presidencial. El pasado 5 de junio ganó la oportunidad de aspirar a la precandidatura y de tener al menos un par de cartas para sentarse en la mesa con Margarita Zavala y con el Joven Maravilla, pero no para mandar al cuerno todo.

Es normal este tipo de crisis en las rectas finales.Por ejemplo, mis alumnos son incapaces de mantenerse sentados en las últimas semanas del semestre, pero vamos, ellos tienen 18 años y no son gobernadores.

En las últimas semanas, la entidad poblana está irreconocible: policías se enfrentan a balazos con ambulantes y por pura suerte, nadie murió; asesinaron al alcalde de Huehuetlán, el Grande; hubo dos muertos y 5 heridos en un bailongo en Xalitzintla; asaltaron un Starbucks; asaltaron a unos turistas de Tabasco en la Ruedota de la Fortuna. Y ningún morenovallista se hinca ante el temblor porque todos están leleando sabe Dios con qué.  

El gobierno morenovallista ignoró rotundamente el asesinato del alcalde José Santamaría Zavala. Ningún diputado, funcionario o adepto del régimen se ha dignado a expresar, al menos, las condolencias a la familia.

Al sepelio del alcalde no fue nadie del gobierno. Ni unas pinches flores mandaron. Es la hora que el mandatario no se digna ni siquiera a mandar un tweet por el lamentable homicidio del edil.  

Mientras a nivel nacional, la muerte de José Santamaría es un verdadero escándalo, en Puebla los morenovallistas están en plan de zarigüeya. Qué inteligentes ¿no?

Si Puebla se incendia, también las aspiraciones de Moreno Valle van a arder.

Miau.

P.D. No me dejen de invitar a la siguiente gira a Chilpancingo :P

 

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